Abril

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A B R I L

Hace bastante tiempo ya, años, venía buscando la ocasión y las palabras necesarias para escribir una canción que reflejara lo que la República del 31 llegó a significar en su día para el pueblo de este país. Mi madre, nacida también un mes de abril, solía hacer hincapié en ello de tanto en tanto. Al final de sus días, como póstuma voluntad, volvió a pedirme que escribiera una serie de relatos sobre nuestra familia y la ciudad de aquellos años. Todavía no sé muy bien cómo fui capaz de llevar a cabo su ocurrencia, cuando al mismo tiempo tenía que cuidar de ella e inmediatamente después vaciar la casa que compartimos tanto tiempo. Temía entonces que si no lo hacía de inmediato, estando todo tan cerca, tal vez no tuviera ocasión mejor. Hoy, al releer aquel Libraco (sic) que mi hijo me regaló con las páginas en blanco para cumplir con el encargo, caigo de nuevo en la cuenta de que  una tarea así es siempre una empresa descabellada. Por fortuna la historia de una persona, de una familia, no se diferencia tanto de la de su país, por lo tanto toda la información acumulada, gráfica y literaria, facilita mucho una tarea así.

Sea como fuere echaba a faltar, entre otras muchas cosas, algo más de aquella emoción a duras penas contenida con la que nuestra madre contaba por enésima vez cuánto debía la gente de su generación a la República. Sólo entonces fue posible que niños y jóvenes tuvieran acceso a la cultura, a una enseñanza gratuita y libre para todos, sin distinción de clase. En deuda con una causa tan grande siempre recordó el nombre de su querido maestro, don Ángel Lacalle, quien, a su fallecimiento, mereció un homenaje en este diario. Aquella tutela entusiasta de un profesorado que venía esperando ejercer una labor eficaz, laica, desinteresada de dogmas y prejuicios, se encargó de erradicar de una vez por todas la lacra del analfabetismo, y la deplorable falta de cultura en la que se veía sumida la sociedad española.

El resto son nombres que de vez en cuando vienen a la memoria; desde las placas de avenidas y calles, a través de películas o libros. Nombres de hombres y mujeres que siguen siendo un ejemplo a poco que te pares a contemplar el mundo que vivimos. Así que, sin más, en deuda con ese legado, agradecido a todos los que hicieron posible que  llegara a nuestras manos, aporto aquí mi particular grano de arena con esta canción :

“Hay una calle en la ciudad olvidada en el tiempo, y sin embargo se me aparece en sueños. Y cuando me despierto me siento como un huérfano; igual que un perro que perdió a sus dueños, como una barca sin velas y sin remos. En las noches inhóspitas de invierno vuelven a la vida cabalgando el viento: no es para afligirnos ni para que lloremos, ellos sólo quieren que no les olvidemos. Existe una leyenda acerca de las almas según la cual, al abandonar el cuerpo, van a vivir a otro lugar no demasiado lejos; a la luna, en la parte que no vemos, donde no alcanza el sol ni se conoce el tiempo.

Hubo una vez un país al que llamaron Abril, hecho a la medida de los sueños de la gente, con la rebeldía propia de los valientes. Abril… Hubo una vez un país que vio la luz en Abril, y aquella luz tan blanca quemaba en las gargantas, con un clamor tan grande que aún llega hasta aquí. Abril, Abril … En esta noche tan dura del invierno volvieron a la vida, cantando con el viento, no para asustarnos, ni para que lloremos; ellos sólo piden que no les olvidemos. Nunca os olvidaremos.”

Julio Bustamante. Publicado en el Diario Levante

5 Comments on “Abril

  1. Tantas cosas nacen en el més de Abril…
    Hagamos que nazcan cada més del año.

    (El diumenge ‘Maderita’ al Black Note. Volguera estar…)

    Salut, Julio.

  2. ¡Ya te lo dije una vez Julio, esta es una de tu grandes canciones, y clásico desde ya! 😉

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