Julio Bustamante – Salón Fujiyama, 1988

TOULOUSE LAUTREC


Nadie lo quería porque era extraño,
lo tuvo ya muy claro en su niñez.
Vivía refugiado en los garitos
pintando las historias del Can-Can.

Enrique Tolouse Lautrec,
eres un caso perdido.
Ni su padre creía en él
hasta que lo vio en el Louvre.

No admitía fallos en la gente.
Llevaba con orgullo su bastón
repleto de licor del novecientos,
el siglo aprendió en él cualquier canción.

Enrique Tolouse Lautrec,
eres un caso perdido.
Ni su padre creía en él
hasta que lo vio en el Louvre.

No esperó jamás nada de nadie
que no fuera arte como él.
Chicas de la vida, alegría
dentro de un espeso cabaret.

Si algún día te sientes despreciado
llevando una guitarra o un pincel
acuérdate de este gran enano,
muéstrate orgulloso como él.

Como Enrique Tolouse Lautrec,
eres un caso perdido.
Ni su padre creía en él
hasta que lo vio en el Louvre.

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